Monica F.
Caí en este retiro casi por casualidad. Desde el principio me declaré la menos experta del grupo y confieso que llegué con mis propios prejuicios.
Lo que ocurrió en ese precioso lugar, entre ese pequeño grupo de desconocidos guiado por Thais, en apenas unos minutos, no sé explicarlo con palabras. Fue algo mágico, enriquecedor, auténtico, profundamente sanador… un verdadero regalo para el cuerpo y el alma.
En cuanto a Thais, yo no la conocía, y descubrí a un ser excepcional que desprende respeto, dulzura, generosidad, conocimiento y paz. Tiene una capacidad muy poco común: la de mirarte y cuidarte de forma individual, incluso dentro del grupo. En todo momento te sientes vista, escuchada, reconocida, aunque el trabajo sea compartido. Y lo más hermoso es que estoy segura de que cada uno de nosotros tuvimos esa misma sensación, como si el acompañamiento fuera íntimo y personal para todos a la vez.
Cuando el retiro terminó, creo que ninguno de nosotros quería volver del todo. Había una sensación compartida de calma, de estar en el lugar correcto, que costaba dejar atrás. En cuanto llegué a casa, lo primero que hice fue dar las gracias a la persona que me recomendó a Thais y este retiro. Hoy sé que fue un regalo.
Creo sinceramente que es una experiencia que todos deberíamos regalarnos al menos una vez al año.
Gracias, siempre.
- Monica F.